En julio escribí acá que el listicle no había muerto. Que lo que Google había tirado abajo entre enero y abril era la versión perezosa: el “top 10” con tu propia empresa en primer lugar, escalado con IA, intercambiado entre amigos como figuritas. Y que si uno lo hacía con metodología real, sin incluirse en los propios rankings y sin cobrar por aparecer, el formato seguía teniendo lugar.
Lo creía. Todavía lo creo en parte. Pero después de escribirlo hicimos algo que casi nadie hace con sus propias conclusiones: las pusimos a prueba con plata y tiempo propios.
Este es el resultado, y no es el que esperábamos.
El experimento: 45 rankings, una metodología, cero autopromoción
El sitio es un proyecto propio. No lo voy a nombrar, y no por vergüenza: el experimento sigue abierto y no quiero que lo que escriba acá contamine lo que Google decida hacer con él. Lo que sí voy a decir es que es un sitio de rankings de proveedores de servicios profesionales, que cubre varios países de habla hispana, y que la empresa que lo publica trabaja en el mismo rubro que rankea. Ese último dato es parte del caso y vuelvo sobre él más adelante.
La idea era simple. Si el problema de los listicles era la falta de integridad, hagamos listicles con integridad y veamos qué pasa. Entre fines de julio y fines de septiembre publicamos 45 rankings del tipo “Mejores [proveedores de X] en [país]”. Seis países, once categorías de servicio. Más una nota suelta sobre un rubro completamente distinto, publicada a propósito con otra estructura, para tener algo con qué comparar.
Cada ranking tiene una tabla con una veintena de variables por empresa, medidas con scripts propios: en qué posición aparece en Google para las búsquedas del rubro, su calificación en Google Business Profile distinguiendo reseñas de Local Guides de perfiles nuevos, si ChatGPT la nombra cuando le preguntás por las mejores del país, su Domain Rating, su tráfico, el engagement en redes.
La metodología está publicada, con los pesos de cada variable. El criterio de inclusión también: hay que estar en el top 10 de Google para la keyword principal del rubro. Nadie paga por aparecer y lo decimos en cada nota. Cada empresa tiene su enlace saliente, con parámetros UTM para que puedan identificar el tráfico que llega desde el ranking. Cuando alguien comentó preguntando por qué no estaba tal competidor, le respondimos públicamente con el criterio.
Y la empresa que publica el sitio no figura en ningún top 10. En ninguno de los 45.
Es decir: las tres cosas que la industria señaló como el pecado del listicle autopromocional (rankearte a vos mismo, cobrar por el puesto, no tener metodología) las controlamos de forma explícita y verificable.
Lo que no controlamos, y esto importa, es otra cosa. Las 45 notas tienen la misma arquitectura: apertura con una metáfora, tabla interactiva, sección de metodología, top 10 con un párrafo por empresa, cierre. Salieron en ocho semanas. Y el proyecto abarcó seis mercados y once rubros desde su lanzamiento, cuando en julio yo mismo había escrito que un sitio nuevo tenía que empezar angosto.
Decisión de producción, no editorial. La anoto porque es el centro de lo que sigue.
Tres semanas de prueba en la página cinco
¿Qué hizo Google con todo eso? Algo más interesante que ignorarlo.
Durante los primeros días de agosto, las notas empezaron a aparecer en Search Console. Impresiones todos los días, algún clic suelto, picos modestos a fines de agosto y principios de septiembre. Para un dominio que venía de meses en cero, eso era una señal. Google había indexado las páginas, había identificado de qué trataban y las estaba mostrando en sus resultados.
El detalle está en dónde las mostraba. La posición promedio de todo el período ronda el 48. Las queries con más impresiones aparecen entre la posición 50 y la 100, sin generar clics. No estaban compitiendo por los primeros lugares. Aparecían en el fondo de los resultados, donde casi nadie llega.
Y fijate las queries. Google identificó correctamente el país y el rubro de cada nota. Pero las mostró principalmente en búsquedas comerciales, las de alguien que busca un proveedor, no en las consultas comparativas para las que estaban escritas.
Las búsquedas del tipo “mejores [proveedores de X] en [país]” prácticamente no aparecieron. En cambio, las notas competían por “[proveedor de X]” a secas, frente a los propios proveedores y directorios con diez años de historia. Entraron a la fila por el final y de ahí no se movieron.
A mediados de septiembre las impresiones empezaron a bajar. A fines de ese mes, llegaron a cero. Y en lo que va de octubre el silencio continúa, como si las 45 notas nunca hubieran existido.
La fecha vale la pena anotarla: el 24 de septiembre Google empezó a desplegar el spam update de septiembre de 2026, que terminó el 8 de octubre después de casi catorce días. Google no dijo qué tipos de contenido afectó específicamente. Yo no voy a decir que fue eso. Pero la ventana de impresiones del sitio se cierra justo cuando ese despliegue arranca, y en este oficio una coincidencia así se anota aunque no se pueda firmar.
¿Y la nota de control, la que tenía otra estructura y otro rubro? Cinco impresiones. Posición promedio 16 sobre una muestra que no sirve para leer nada. Salió a fines de septiembre, en un rubro con marcada estacionalidad y justo cuando esa temporada cerraba, así que tampoco es un control limpio. Pero no mostró nada que permitiera distinguir su comportamiento del resto.
En resumen, y sin adornos: 45 listicles con metodología pública y sin auto-ranking consiguieron visibilidad durante unas semanas, principalmente en posiciones profundas. Nunca lograron acercarse a los primeros resultados y, hacia fines de septiembre, dejaron de generar impresiones.
Por qué ocurrió eso es lo que todavía no podemos responder.

La plantilla como sospechosa principal
Acá tengo que separar lo que pienso de lo que puedo probar, y la diferencia es grande.
Lo que pienso es que el problema fue la forma. Cuando controlás las variables que todo el mundo dice que importan y el resultado no cambia, lo razonable es mirar lo que dejaste sin controlar.
Y lo que dejamos sin controlar fue la repetición: 45 piezas con la misma arquitectura, el mismo tipo de tabla, el mismo recurso narrativo cambiando la metáfora, publicadas a un ritmo de fábrica. Los datos de cada nota son reales y distintos. La estructura es una sola.
Google tiene un nombre para una práctica que se parece, al menos superficialmente, a lo que hicimos: scaled content abuse. La incorporó a sus políticas de spam en marzo de 2024.
No se trata de usar plantillas ni de publicar mucho contenido. Se trata de producir páginas a escala principalmente para posicionar y generar tráfico, sin aportar suficiente valor al usuario.
Se puede discutir si 45 rankings con datos propios, metodología pública y criterios verificables encajan en esa descripción. Yo diría que no necesariamente. Pero también es cierto que, vistos desde afuera, 45 artículos con la misma arquitectura publicados en ocho semanas pueden parecerse a una producción en serie.
Y esa semejanza es parte de lo que quiero investigar.
Acá una precisión que me importa: no tenemos evidencia de una penalización. No hubo una acción manual identificada ni sabemos si algún sistema de spam intervino. Tampoco existe una penalización automática por usar una plantilla.
Lo único observable es que las páginas tuvieron una visibilidad limitada, en posiciones profundas, y después dejaron de generar impresiones. Mi sospecha es que el patrón de publicación pudo haber influido. Pero no tengo cómo demostrar que Google lo haya interpretado así.
Ahora, lo que puedo probar es mucho menos. Y el que lea esto como un caso cerrado me va a estar leyendo mal.
Primero, el control no alcanza. Una sola nota distinta, publicada fuera de temporada, no aísla ninguna variable. Para confirmar la hipótesis necesitaríamos varias notas con estructuras distintas sobre el mismo sitio y en la misma ventana. No las tenemos.
Segundo, el dominio no era nadie. Tenía contenido viejo sin relación con el tema, ningún autor con nombre y apellido, ninguna mención afuera. Las recomendaciones de Google para contenido de reseñas insisten en aportar experiencia demostrable, evidencia y análisis original. Una tabla llena de scripts puede ser un buen punto de partida, pero por sí sola no demuestra todo eso.
Tercero, la amplitud. Seis países y once rubros desde el lanzamiento. Ninguna vertical llegó a tener masa crítica. Esto lo habíamos marcado como riesgo en julio, en este mismo blog, y lo hicimos igual porque la producción ya estaba armada así. No hay mucho más que decir sobre eso.
Cuarto, las SERPs. “[Proveedor de X] en [país]” es una búsqueda comercial dominada por directorios y por los proveedores mismos. Para un sitio recién nacido, competir ahí es difícil, con plantilla o sin ella. Los datos muestran que nuestras páginas aparecieron muy lejos de los primeros resultados. No sabemos cuánto de eso se explica por la intención de búsqueda y cuánto por las características del dominio.
Google recomienda que las reseñas aporten experiencia demostrable, análisis original y conocimiento del tema. No sabemos si la relación entre quien publica y quienes son evaluados tuvo algún efecto en el posicionamiento. Pero tampoco podemos descartarla como una debilidad del proyecto.
Cualquiera de esas cuatro cosas podría contribuir a explicar la falta de tráfico. Y probablemente varias se combinaron.
La plantilla sigue siendo mi sospechosa principal, no porque hayamos aislado su efecto, sino porque fue una de las decisiones más visibles del proyecto y una de las que podemos modificar en la próxima prueba.
Eso la hace sospechosa, no culpable.
Si lo volviéramos a hacer
Lo vamos a volver a hacer, así que esto no es retórico.
Un vertical, un país, hasta que haya señal. Después expandir. Esa regla la escribimos nosotros y la rompimos nosotros; no hay mucha más lección que esa.
La misma metodología puede contarse de veinte formas. La tabla más el top 10 con un párrafo por empresa no es obligatoria. Podemos arrancar por una comparación entre dos, por una anomalía en los datos, por lo que cambió desde el año pasado. El dato es el mismo; la pieza no tiene por qué serlo.
El ritmo lo decide la nota, no el calendario de producción. Cuarenta y cinco en ocho semanas fue una decisión logística, y el resultado es un conjunto de páginas que se parecen demasiado entre sí.
Identidad y experiencia demostrable antes que volumen de contenido. Autor con nombre, presencia fuera del sitio, alguien que responda por los rankings con cara. Lo que en julio llamé “experiencia real” no se demuestra solamente con scripts; también hay que explicar de dónde sale el conocimiento, cómo se hicieron las evaluaciones y por qué vale la pena confiar en ellas.
Y elegir la intención desde el principio. Google mostró estas notas principalmente para búsquedas comerciales y estaban escritas como comparativas de los mejores proveedores.
Si vamos a competir en las primeras, hay que escribir pensando en lo que necesita alguien que busca contratar. Si vamos a las segundas, hay que entender mejor qué ofrecen los resultados que ya están posicionados y qué podemos aportar que todavía no exista.
Ninguna de las dos cosas se resuelve publicando más de lo mismo.
Lo que la técnica no te dice
El artículo de julio terminaba con una idea que me gusta y que sigo sosteniendo: que la técnica, tarde o temprano, termina confirmando lo que la experiencia ya sabía, como pasó con el anchor context. Que los listicles autopromocionales iban a explotar lo intuía cualquiera que llevara años en esto, mucho antes de que Lily Ray lo midiera.
Este caso me obliga a agregarle algo.
A veces la experiencia tiene que ir a buscar el dato que la técnica no da. Y a veces es al revés: la técnica lo tenía escrito y lo encontramos mirando al vecino. Yo sabía, o creía saber, que hacer las cosas bien era suficiente.
Hizo falta un sitio propio, 45 notas y tres meses de Search Console para empezar a entender que hacer las cosas bien no garantiza que Google pueda reconocerlo.
Entre el valor que creemos aportar y el valor que un buscador consigue identificar hay una distancia. Y en esa distancia es donde el SEO sigue siendo un oficio y no un manual.
El sitio no se da de baja. Se reescribe. Y cuando tengamos el control que esta vez nos faltó, lo cuento acá, salga como salga.

Luciano Truck es SEO Manager en MD Marketing Digital desde 2018. Dirige un equipo enfocado en SEO y estrategias digitales. Estudia Ciencias Físicas en la UBA y posee certificaciones en Google Analytics y herramientas SEO. Apasionado por la música, los deportes y la educación.

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